Cien billones de dólares es un número que cuesta visualizar. Para intentarlo: si se pusieran billetes de un dólar uno al lado del otro, darían la vuelta a la Tierra más de 380.000 veces. Esa es, aproximadamente, la deuda pública mundial acumulada. En 2024 superó los 102 billones de dólares. Y según el nuevo Informe de Deuda Mundial 2026 de la OCDE, el endeudamiento soberano de los países de esa organización alcanzará un récord de 18 billones de dólares en nuevas emisiones solo este año.
El FMI – datos aportados por quotex app – estima que la deuda pública mundial se incrementará en 2,8 puntos porcentuales del PIB en 2026, más del doble del aumento registrado en 2024. La relación deuda/PIB en los países de la OCDE se mantuvo en el 83% en 2025, pero se proyecta que suba al 85% en 2026. Y en un escenario adverso extremo, el FMI advierte que podría alcanzar el 115% del PIB global en tres años.
Estados Unidos es el caso que más preocupa a los economistas, no solo por el tamaño de su deuda sino por la trayectoria. El déficit federal cerró 2024 en torno al 6,2% del PIB, y se espera que permanezca en niveles similares en 2026. En un contexto de tasas de interés reales que promedian el 1,5% anual —muy por encima del -1,2% de la década de 2010—, el costo de financiar esa deuda crece año a año.
Europa no está mejor – analizan en quotex trading app. Francia, con una deuda pública que supera el 116% de su PIB, enfrenta lo que los mercados ya denominaron el fin de la distinción entre ‘países centrales’ y ‘países periféricos’ de la eurozona: el bono francés a 10 años cotiza a tasas similares a las de Italia o Grecia. Japón carga con la deuda más alta del mundo en términos del PIB. China enfrenta su propio problema de deuda, concentrado en los gobiernos locales y el sector inmobiliario.
El impacto en los países en desarrollo es aun más dramático. Según UNCTAD, 3.400 millones de personas viven en países que gastan más en el pago de intereses de la deuda que en salud o educación agregan en quotex affiliate. Los países en desarrollo pagaron 921.000 millones de dólares solo en intereses en 2024, un 10% más que el año anterior. Eso es dinero que no va a hospitales, escuelas ni infraestructura.
Los economistas debaten sobre si los niveles actuales de deuda son sostenibles. La respuesta depende del crecimiento futuro, de las tasas de interés y de la capacidad de los gobiernos para generar reformas. Lo que sí está claro es que el margen de maniobra se estrecha: ante la próxima crisis —sea financiera, pandémica o climática—, muchos estados tendrán mucho menos capacidad de respuesta que en 2020.

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